POR LAUTARO SILVERA
El docente, escritor e investigador principal del CONICET, Carlos Skliar, se presentó este jueves en el salón de actos de la Escuela ENOVA, en una actividad organizada por Madres de Plaza de Mayo Gualeguaychú en el marco de los 50 años del último golpe de Estado cívico-militar.
Bajo el lema “La educación como reconocimiento en épocas marcadas por la indefensión y el abandono”, Skliar brindó una conferencia centrada en el presente del sistema educativo, atravesado, según planteó, por profundas desigualdades y transformaciones.
En diálogo previo con Guale Digital, el especialista destacó el sentido de la convocatoria: “Me honra el motivo de la invitación, primero por los 50 años”.
En ese marco, anticipó que su planteo busca “recuperar una idea democrática de educación para todos”, en contraposición con un contexto que definió como “muy meritocrático, muy exitista, muy triunfalista en algunos casos, pero basado en una profunda desigualdad”.
“Lo que voy a tratar es de volver a pensar un panorama de una democracia que tome en cuenta la memoria y los procesos de igualdad que fueron creados a lo largo de los siglos”, agregó.
Consultado sobre el panorama actual, Skliar fue categórico: “No son buenos tiempos para la educación”. En ese sentido, advirtió sobre el avance de modelos de formación ligados al individualismo y a la relación con las plataformas digitales.
“Este es un mundo que tiene su propia propuesta formativa a través del individualismo y la relación del individuo con las máquinas. Es lo que llamamos la autoformación: una invitación a lo no público, a lo no comunitario, a lo no plural y, por lo tanto, al aislamiento”, explicó.
Para el investigador, este modelo representa un corrimiento de la educación como espacio colectivo hacia lógicas más “mezquinas”, enfocadas únicamente en el empleo futuro. “Muy poco general, muy poco humanista y completamente desmemoriada”, definió.
También cuestionó el traslado de la educación hacia el ámbito privado: “Relacionarla con el hogar, bajo la supuesta libertad de que cada uno se forme como quiera, en un mundo desigual, es una formulación peligrosa y completamente impracticable”.
Otro de los ejes que abordó fue la situación docente. “Ha aumentado la precariedad entre los maestros y las maestras: cuestiones salariales y falta de materiales. Pero al mismo tiempo aumenta la responsabilidad”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que hoy el rol excede lo pedagógico: “No solo hay que enseñar, hay que cuidar, acompañar, prevenir y ayudar. Esa fórmula es muy desgastante, casi imposible de sobrellevar”.
Esta situación impacta en la vocación: “Me preocupa porque la gente joven no está queriendo ser educador. Como empleo es muy precario y como oficio es de demasiada responsabilidad”.
No obstante, dejó una mirada esperanzadora: “Quienes insistan en ser maestros, aun en este contexto, van a formar parte de un cambio trascendente. A eso le apuesto: a recuperar una ética educativa, a pensar la educación como recomienzo”.
Además, se refirió al contexto de desfinanciamiento: “El CONICET está completamente desfinanciado. La situación es de una precariedad absoluta y, al mismo tiempo, de una responsabilidad mayúscula”.
Ya durante la conferencia, Skliar profundizó sus críticas y llamó a “recuperar la cordura”.
“Nos hacen creer que deberíamos sentir vergüenza por defender lo público, por trabajar en el Estado. Pero la vergüenza debería cambiar de rostro”, afirmó.
En esa línea, defendió el rol de los trabajadores estatales: “Si hoy no se cae todo es porque están los maestros, los médicos y los enfermeros sosteniendo el Estado de una manera injusta. Es injusto, pero es así”.
También remarcó el valor de la escuela: “Cuando uno va a la escuela se encuentra con su rasgo principal, que es lo plural y lo múltiple. En ningún otro lugar público y gratuito se encuentra esa escena que retrata el mundo de la manera más adecuada”.
No obstante, advirtió que su función se ha ampliado: “Antes era el lugar para democratizar vidas, ustedes, que trabajan en multiplicar los destinos de la gente. Ahora, además, hay que criar, en el sentido de la crianza, algo que antes hacían las familias”.
“Necesitamos poder discriminar cuando algo está fuera de toda cordura, como el ensañamiento con los más débiles, el abandono, la humillación o la violencia verbal. Nada de eso compone el escenario educativo. En la educación debería regir la cordura”.
