POR MÓNICA FARABELLO
Jorge Bergoglio dejó una huella imborrable en las parroquias porteñas, pero el Papa Francisco fue amado y respetado por el mundo entero. Un hombre sencillo, presente y con los pies sobre la tierra. El 21 de abril de 2025, su cuerpo físico dijo adiós. A un año de su muerte, lo recordamos, y lo homenajeamos.
Como Sumo Pontífice logró que los jóvenes vuelvan a acercarse a la Iglesia, con un mensaje claro, directo y profundo. Pidió que todos cuidemos los extremos de la vida: tanto la niñez como a los adultos mayores.
También se involucró con el cuidado del medioambiente o “la casa común” y la creación del Dios que nos une. Francisco se involucraba en las problemáticas sociales y hasta abrió investigaciones puertas adentro de la Iglesia.
El 13 de marzo del 2013, fue el día en que el mundo se enteraba que un argentino sería el nuevo Papa. En Gualeguaychú flameaba la bandera blanca y amarilla del Vaticano, en la ventana de una de las dependencias de la Catedral. Parecía un día común, pero sería un hito inolvidable.
Francisco y su cercanía con Gualeguaychú
La carta y el llamado
La historia de Josefina tocó la sensibilidad de todos. Una madre de tres hijos le escribió una carta a Francisco. Fue al poco tiempo de haber sido electo Papa de la iglesia católica. Lo que quedó en un intento de acercamiento por parte de esta mujer gualeguaychuense, terminó en un llamado inolvidable.
Ella atravesaba un duro problema de salud y fue el propio Francisco quien marcó su número para darle palabras de aliento y contención.
“El jueves 8 de agosto a la una de la tarde sonó el celular, era número desconocido. Yo dije: este es el Papa. Lo atendí y me dice: ¿Hablo con Josefina? Yo había visto mucho Río de Janeiro y tenía la voz en mi cabeza. Me emocioné, fue algo inexplicable. Y pude hablar muy tranquila, me preguntó por la fecha de la carta, me dijo que tenía muchísimas cartas, me preguntó por temas específicos de mi salud… Fue algo muy próximo, con una humildad y una cercanía grandiosas…Cuando nos despedimos, me dijo: ‘Josefina, seguirá estando en mis oraciones, y puede contar conmigo para lo que necesite’”, contó en ese momento a los medios de la ciudad.
“Yo estaba con mis hijas y con mi marido, pero como no tengo señal dentro de mi casa, salí para poder hablar. Cuando volví, entré como una loca y decía: me llamó el Papa Francisco!”, dijo al recordar el momento.
Con Jeannot Sueyro en sus manos
Era 7 de enero de 2015 cuando el periodista de Gualeguaychú Daniel Van Der Becken y su familia llegaron al Vaticano en pleno invierno europeo. El objetivo era estar cerca de Francisco, como también estuvo con el Papa Juan Pablo II.
“La gestión la hice con Monseñor Guillermo Karcher titular de Protocolo y Ceremonial del Vaticano. Llegamos a Roma con la familia ese lunes por la mañana. Le avisé a Karcher que ya estábamos en Roma y me dice ‘les dejé cuatro invitaciones especiales para la celebración de Santa Epifanía mañana en la Basílica de San Pedro’”, recordó el comunicador en diálogo con Guale Digital.
Buscaron las entradas y fueron a la Basílica con la grata sorpresa que estuvieron adelante de todo, a escasos pasos del lugar de Francisco.
“Al otro día, la audiencia de los miércoles se hizo en el emblemático Salón Paulo VI, por el intenso frío. Fue inolvidable, le entregué la imagen del Curita Gaucho que confeccionó el recordado escultor Oscar Rébora. Él y los que estábamos en el lugar participamos de un espectáculo de circo que le hizo un grupo que estaba de paso por Roma, momento que él disfrutó con mucha alegría”, dijo Van Del Becken.
Finalmente, recordó que al terminar “la audiencia, él saludó afectuoso a cada uno de los presentes, en mí caso, a Sonia mí esposa, Paloma y Alex mis hijos. La calidez, la sonrisa y «un saludo para toda la Argentina», cerró.
El Papa Francisco y la juventud
En 2013, mientras el mundo observaba con atención los primeros pasos de Papa Francisco al frente de la Iglesia Católica, en Gualeguaychú comenzaba a gestarse una experiencia comunitaria profundamente marcada por su mensaje. Para la periodista Agustina Hildt, aquel momento no solo tuvo relevancia global, sino que significó una interpelación personal.
La Jornada Mundial de la Juventud de ese año, realizada en Brasil apenas meses después de la asunción del pontífice, fue el punto de partida de un compromiso que Hildt describe como una “misión”. “Había estado muy cerca de él durante muchos años, y sentía que debía transformar mis espacios según lo que nos había enseñado”, recuerda.
Desde su rol en el periodismo y con experiencia previa en la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal, Hildt impulsó una iniciativa comunitaria singular: una campaña de oración que invitaba a vecinos e instituciones a escribir intenciones en cuadernos acompañados de estampitas del Papa. La propuesta, organizada pocas semanas antes del evento internacional, tuvo una fuerte repercusión local.
Los cuadernos, cargados de mensajes que incluían pedidos, agradecimientos y oraciones por la salud y la labor del pontífice, viajaron finalmente a Brasil. Allí, en el marco de una de las celebraciones litúrgicas, fueron entregados, a través de un obispo brasileño, directamente al Papa en nombre de la comunidad de Gualeguaychú.
Pero la experiencia no terminó allí. Dos años más tarde, en 2015, Hildt decidió profundizar esa inspiración inicial con proyectos concretos enfocados en dos sectores que el propio Francisco había señalado como prioritarios: los niños y los adultos mayores.
Así nacieron dos iniciativas radiales con fuerte anclaje social. Una de ellas, vinculada a la alfabetización de niños, se desarrolló en la escuela Rizzuto y alcanzó reconocimiento en una feria de ciencias, donde fue distinguida por su impacto educativo. Además, el proyecto recibió el respaldo del Rotary Club, que otorgó una distinción y apoyo institucional.
Para Agustina, la figura del Papa no solo representaba un liderazgo religioso, sino también una mirada lúcida sobre la vida contemporánea. “Tenía una capacidad de ver y anticipar lo que hoy estamos viviendo. Muchas de las cosas que sembró en Argentina necesitan volver a ponerse en valor”, reflexionó.
Lejos de idealizaciones, Hildt reconoce también las tensiones y desencuentros que pueden existir con la institución eclesial. Sin embargo, sostiene que la fe sigue siendo un sostén fundamental: “Aun con las limitaciones humanas, la fe nos sigue conmoviendo, sanando y dando fuerza cuando lo humano no alcanza”.
El padre “Goyo” y el legado de Francisco
El querido padre Goyo tuvo la suerte de reunirse en tres oportunidades con el Papa Francisco. Siempre elevó su palabra y aseguró que su impacto en la comunidad fue total.
“Tuve la gracia inmensa de encontrarme con el Papa Francisco en tres oportunidades distintas de mi vida, y cada una de ellas marcó mi camino de fe de un modo único y profundo. La primera fue en 1999. Yo era maestro de ceremonias en una misa celebrada en la Catedral de Buenos Aires, con motivo del centenario de la Congregación Hijas de la Inmaculada. Era un hombre sobrio, silencioso, pero de una espiritualidad que se adivinaba en cada gesto”, contó el padre Goyo en diálogo con Ahora ElDía.
“Años más tarde, ya como papa Francisco, tuve la segunda gran dicha: encontrarme personalmente con él en la Plaza San Pedro, junto a los sacerdotes Mauricio Landra y Pedro Brassesco. Fue un momento de gran cercanía, sin apuro, donde pude entregarle algunos obsequios de parte de los fieles de mi parroquia y compartirle algunas cosas personales. Me alentó con fuerza a ser fiel.
Luego, el sacerdote recordó su tercer y último encuentro con el Papa: “Ocurrió en el Palacio Apostólico, en el marco de un acto muy solemne de la Rota Romana. En esta ocasión no llevaba ningún regalo, sólo el número de teléfono de un sacerdote amigo que estaba atravesando un momento delicado de salud.
Federico Jesús y la apertura de las puertas
Federico Jesús Muñoz guardó su historia durante años, y hoy decidió contarla y compartirla: Recordó aquella audiencia privada con el Papa Francisco que, lejos del protocolo, dejó una huella personal imborrable.
“Yo nunca supe que iba a tener una audiencia privada con él”, dijo Federico a Guale Digital. Lo que parecía ser un simple saludo protocolar se convirtió, casi sin aviso, en un encuentro cara a cara. Guiado por asistentes dentro del Vaticano, el protagonista atravesó distintos espacios hasta llegar a una puerta custodiada. Del otro lado, lo esperaba Francisco, sentado.
El momento, según relata, fue difícil de procesar en el instante: “A partir de ahí tengo una nebulosa”. Sin embargo, algunos recuerdos permanecen nítidos. El Papa se levantó, lo recibió con un apretón de manos y una invitación simple: “Hola, pasá”. Ese gesto marcó el tono de toda la audiencia.
Ya sentados, el clima se volvió distendido. Francisco sonrió, incluso bromeó: “¿Qué hacés acá? ¿Cómo llegaste hasta acá?”, preguntó entre risas, consciente que su visitante no figuraba en los listados oficiales, aunque portaba una carta que había facilitado el encuentro.
Lo que siguió fue una conversación íntima, atravesada por preguntas y escucha. “Era una persona que preguntaba mucho. Cómo estaba Argentina, cómo estaba mi familia”, recuerda. El interés del pontífice se extendía a lo cotidiano, pero también a lo social.
Durante la charla, surgieron temas como la realidad argentina, el rol de la Iglesia en los barrios más vulnerables y la experiencia del entrevistado como voluntario en la Villa 31 de Buenos Aires. Allí, relató, descubrió una Iglesia diferente, profundamente ligada a la vida comunitaria.
El cierre del encuentro mantuvo la misma cercanía. El Papa le entregó un rosario bendecido, un gesto habitual en sus audiencias, y un mensaje breve pero contundente: “No aflojen”. Luego, rompió nuevamente el protocolo con un abrazo.
“Sentí una paz total”, resumió Federico Jesús, quien reconoce que la experiencia le llevó meses de procesamiento personal antes de poder compartirla. “Me cambió la vida”, afirmó.
A partir de ese momento, inició un camino de mayor acercamiento a la fe, la doctrina cristiana y el pensamiento de Francisco. “Siento que hay una responsabilidad en transmitir ese legado”.
“Tuvimos un Papa que fue de todos, que hasta el último momento pensó en la humildad, la sencillez y la hermandad”, reflexionó el joven gualeguaychuense que tuvo la gran suerte de compartir esos momentos con Francisco.
En tiempos de incertidumbre, el relato pone en valor la fuerza de los gestos simples y la potencia de un encuentro que, sin previo aviso, dejó una marca para toda la vida.
Un mate para Francisco
Fue en enero del 2014 cuando el vecino de la ciudad, Pedro Darchez, tuvo el honor de cebarle un mate al Papa argentino.
De viaje por el Vaticano, compartió en sus redes sociales: «Ese mate que toma Francisco se lo cebe yo». El ex presidente de la Corporación del Desarrollo, Pedro Darchéz, contó esa anécdota desde El Vaticano y su foto se volvió viral.
Francisco, un Papa carnavalero
Fue la comparsa Ará Yeví del Club Tiro Federal, quien sorprendió en 2015 con su temática. Es que el objetivo fue homenajear a la figura del Papa argentino en medio del Carnaval del País.
Aquella edición logró captar la atención de los medios de comunicación nacionales e internacionales, donde las portadas se colmaron de las imágenes de la escultura de la cara de Francisco en una enorme carroza.
“Hagamos lío”, resaltaba ese año Ará Yeví, en alusión a la recordada frase del Papa.
Luis Román Figun fue quien caracterizó a Francisco, donando luego el vestuario al Museo del Carnaval como pieza destacada de su patrimonio. En el cierre, la enorme figura tallada en telgopor por el escultor Martín Naef, representaba a Francisco junto a la paloma de la paz.
Laudato Sí y la Asamblea Ambiental
En junio de 2015, el Papa Francisco publicó su encíclica Laudato Sí. Este texto planteó con firmeza su postura acerca del cuidado del medioambiente y la Casa Común.
En julio del 2020, la Asamblea Ambiental Gualeguaychú le envió una carta a Francisco para pedir su intervención en el conflicto por la instalación de las pasteras a la vera del río Uruguay, asegurando sentirse “indefensos ante tanto poder».
«Santo Padre Francisco: nos sentimos indefensos ante tanto poder, solicitamos su intervención. Humildemente rogamos su oración, su gesto, su ayuda, intercediendo ante los poderosos del mundo, para poder seguir sintiéndonos fieles custodios de la creación de nuestro Señor».
Aquella carta fue entregada «en mano» al Papa por monseñor Jorge Lozano, entonces obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
A un año de su partida, el mundo extraña a Francisco, su cercanía, su palabra y su reflexión. El mundo extraña y llora a un Papa que dejó la vara muy alta en la Iglesia Católica.





