Mientras millones de argentinos alentaban frente al televisor, sufrían cada ataque de Suiza y festejaban cada avance de la Scaloneta, un grupo muy particular vivía el partido desde otro lugar. Sin camisetas transpiradas ni cábalas tradicionales, apelaron a velas, sahumerios, rezos, meditaciones y hasta «limpiezas energéticas». Ellas se hacen llamar «La Brujineta».
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El grupo nació en WhatsApp y reúne a mujeres de distintos puntos del país que se identifican como «brujas blancas». Su misión, según cuentan, era acompañar energéticamente a la Selección argentina durante el decisivo encuentro frente a Suiza por los cuartos de final del Mundial 2026.
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La preocupación principal estaba puesta en Emiliano «Dibu» Martínez. El arquero argentino llegaba golpeado desde lo anímico tras una actuación que había generado cuestionamientos en el partido anterior frente a Egipto, por lo que las integrantes del grupo decidieron enfocar buena parte de sus trabajos espirituales en él.
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Durante la previa y el desarrollo del encuentro encendieron velas, quemaron sahumerios, realizaron oraciones y enviaron «energía de protección» para que el arquero recuperara confianza y seguridad bajo los tres palos.
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Pero el Dibu no fue el único destinatario de los pedidos. También hubo un trabajo especial para Lionel Messi y Julián Álvarez. Para el capitán, solicitaron claridad mental, precisión y serenidad para tomar las mejores decisiones en los momentos determinantes del partido. En el caso del delantero, las intenciones estuvieron orientadas a potenciar su intuición y eficacia frente al arco.
La actividad no terminó con el pitazo inicial. Durante las más de dos horas y media que demandó el intenso enfrentamiento, el grupo mantuvo una comunicación permanente a través de WhatsApp. Allí compartían sensaciones, coordinaban nuevos rezos, reforzaban las intenciones positivas y avisaban cuándo encendían nuevas velas o realizaban diferentes rituales.
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Cada jugada de peligro tenía su correlato en los mensajes. Cuando Argentina sufría, se multiplicaban las cadenas de oración. Cuando el equipo lograba acomodarse en la cancha, aparecían los agradecimientos y los pedidos para sostener esa energía.
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Para quienes integran la Brujineta no se trata de magia para cambiar el resultado de un partido, sino de un acompañamiento espiritual basado en la intención positiva y la energía colectiva. Una forma distinta de alentar, tan apasionada como silenciosa.
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Con el triunfo argentino consumado y el pasaje a las semifinales asegurado, en el grupo estallaron los festejos. Entre emojis, fotos de velas consumidas y mensajes de agradecimiento, las «brujas blancas» sintieron que también habían disputado su propio partido.
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Porque en un Mundial, las cábalas nunca faltan. Algunos usan la misma camiseta, otros se sientan siempre en el mismo lugar del sillón. Y, desde ahora, también está la Brujineta: un puñado de mujeres convencidas de que, además del fútbol, las buenas energías también pueden jugar para la Argentina.
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Las integrantes de la Brujineta remarcan, además, que el verdadero sentido de sus prácticas no pasa por perjudicar al rival, sino por fortalecer a los propios.
Por eso sostienen que la clave está en rezar y enviar buenas energías a los jugadores argentinos, acompañando esos pedidos con velas blancas —símbolo de paz, protección y claridad— rodeadas de sal, utilizada como elemento purificador, o con hojas de laurel, asociadas desde la antigüedad a la gloria y la victoria.
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En esa misma línea, desaconsejan por completo realizar rituales para «congelar» nombres de los equipos rivales o cualquier otra práctica destinada a provocar un perjuicio.
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«Las malas acciones siempre vuelven», afirman, convencidas de que la energía positiva tiene mucha más fuerza cuando se enfoca en el bienestar propio y no en el daño ajeno.



